martes, 30 de marzo de 2021

Pasaje

 
    Marcha por la tarde un vagón de la línea gris de Metro. Hay pocos viajeros, y es cómodo mantener las distancias. En eso suena una voz: "Buenas tardes, vivo en la calle. No se asusten. ¿Pueden darme una pequeña ayuda, por favor?". Ni un bolso se abre, ni un bolsillo. La voz repite el mismo tema, tensando un poco el nervio: "Buenas tardes, no se asusten. Vivo en la puta calle. ¿Pueden darme una pequeña ayuda, por favor?". No hay respuesta. Desaparece el túnel, se compone una estación y el tren se para. La voz se aleja, buscando el andén. En el aire flotan algunas palabras suyas: "... en este puto planeta...". Sigue el clac-clac de las puertas y el chacachá del tren. Y, sorpresivamente, también la voz de antes, que continúa en el vagón. Pero la fórmula de marras es ahora puro reproche, y consigue hacer mella en un viajero. Mientras sale la moneda, o lo contante, un rudo "Gracias por escucharme, hombre. Que hay aquí cien mil que no escuchan" cubre lo sonante. De otro vagón llega una melodía de violín. Al compás agradecido de la música el tren encuentra un nuevo andén. Las puertas se abren y la voz se esfuma, esta vez para no volver.

 

domingo, 14 de marzo de 2021

En juego

 
 
Un parque de juegos infantil en la Italia de los años 50, según se ve en Las noches de Cabiria de Fellini.

sábado, 6 de marzo de 2021

Un libro de expurgo


      Corrigiendo y aumentando la consigna del Manual de procedimiento ("Es obligatorio marcar dicho material con el sello de expurgo en la portada o en lugar visible"), el bibliotecario puso varios sellos de más a aquel volumen gastado, hasta once, y con esa certificación, productos y servicios postales, alta prioridad, el ejemplar llegó en un pispás al carro de los libros descartados, donde lo encontré.
      Se trataba de Dispatches, del reportero de guerra Michael Herr, que prometía un genial vistazo al conflicto de Vietnam. Lo empecé al poco y, según leía, iba encontrando las marcas que refiero, letras azules situadas en los márgenes del texto, EXPURGO. La seña, así repetida, en cualquier otro libro me hubiese sugerido, simplemente, el aburrimiento del bibliotecario, su falta de café, pero allí, con el paso de las páginas, se me revelaba como apunte, como apostilla tan firme en su insistencia como feroz. "Limpiar y purificar algo, entresacando lo inútil, sobrante o inconveniente", define el repertorio de la lengua la palabra expurgo. Y, según iba conociendo los detalles del extraño y sugerente viaje de Michael Herr por el Vietnam, ese término, sin tener plena idea de por qué, me resultaba apropiado. Tal vez debía aceptarlo sin más, como tantas cosas se aceptaban allí, quedando su significado oculto hasta más tarde, pues la vida, aquella vida pasada de revoluciones, apremiaba. O quizás, en la vena alucinada del autor, podía entender las letras azules a manera de exudación, de aparición lingüística que, surgida del papel, venía a atormentar el texto y al mismo lector.
      A decir verdad, aun después de habérmelo acabado, no lo tengo claro (¿Vale expurgo para definir la obra de Herr? ¿El bombardeo de saturación en la selva vietnamita? ¿Las sensaciones de los soldados?). Sé al menos que una de esas marcas sí tengo que admitirla tal cual. Porque está situada con tanto acierto en el espacio entre dos párrafos, que parece un título elegido por el propio autor para dar realce a sus palabras. Es así que el bibliotecario, hábil juego de muñeca, Y van diez. Bueno, uno más, colmado el corazón por su gusto por los sellos, o por el deseo de tomarse un café, tiene mi reconocimiento, y se hace disculpar (un poco) por su elástica interpretación de la norma.
 

jueves, 18 de febrero de 2021

Moderna de Pueblo


      Avisado de que Moderna de Pueblo es el pseudónimo de una comiquera, y no sólo, como pensaba, el nombre de un personaje de tebeo creado por ella, entro en la página de la autora en Wikipedia con idea de reformarme. Es allí que descubro, junto con las noticias habituales, un pormenor curioso. En la sección de Referencias, los enlaces que llevan a entrevistas de la autora en El Mundo y en ABC revelan titulares donde esta afirma que tener novio no es lo único que importa. ¿No es llamativo, que medios de tanto nombre vendan sus piezas con ese reclamo? Moderna de Pueblo, según puedo leer, trata en los cómics las relaciones con un sesgo actual, pero aquí vemos a una mujer definiéndose a sí misma en función del hombre, una imagen no precisamente novedosa. Porque —se diría— es esa ausencia que prima sobre lo demás. Y sin embargo, en las entrevistas aparecen aspectos de mejor motivo y más utilidad, por ejemplo en ABC: "[El mundo de Disney] nos encanta aunque sepamos que es muy machista". Por de pronto, porque la frase contiene un Todas nosotras a la espera de argumento, y luego por esa pasión conflictiva que Moderna desvela. Conocer la forma en que ella asimiló los mensajes de Disney sí me parece un punto de interés, una buena manera de vender cómics y, ¿por qué no?, noticias o entrevistas, como es el caso. De niño yo disfrutaba con los cuentos de la misma casa, pero ignoro cómo me afectaron. Creo que ser consciente de esa huella es positivo, y que las mujeres (en plural, a falta de confirmación) lo sean manifiesta la calidad de su activismo. En fin, tendré que echar mano del cómic de Moderna, de ese Idiotizadas donde trata su vínculo con Disney, para conocer tan frescos detalles.
 

martes, 26 de enero de 2021

Efecto fuego

        La película francesa Retrato de una mujer en llamas tiene una bonita cualidad pictórica. Limpia, aireada y luminosa, en lo visual me parece atractiva. En este drama de época me cuesta apreciar, sin embargo, algo más que la expresión de un logrado ejercicio estético. Advertir, en la figura de sus protagonistas, otra cosa que un éxito formal. Es posible que el problema sea mío, dado que en Cannes premiaron al filme por su guión. Conforme a un símil gráfico, pienso que la historia de amor de Retrato... ofrece a la vista un llamativo esbozo, que no una obra grande, rica en matices. Sí, el argumento tiene detalles lúcidos, y alguna frase tan bien situada como sus actrices lo están delante de las cámaras. Pero al cabo no siento que compensen la falta de fondo del asunto, lo ligero, por apresurado, de este romance francés de vieja estampa.

domingo, 25 de octubre de 2020

Ordalía del espacio


       Raised by Wolves es, en su primer año, una serie de ciencia ficción voluntariosa, de estética cuidada, y como tal se deja ver. Pero también es una fantasía filosófica torpe, y aquí no tiene disculpa, no importan sus alegorías. Cada vez que asoma la disyuntiva credencial que enfrenta a los protagonistas, y ocurre a menudo, me parece estar viendo un capítulo de South Park, aunque sin una gota de la sátira característica. Y es que en la serie del espacio de Ridley Scott, los fieles creen con celo medieval, y los infieles son igual de exaltados (y fastidiosos) en su increencia. Estos colonos siderales deben de pertenecer a una línea temporal alternativa, ignorante de la libertad de culto y del sentido del humor. Los autores de Raised by Wolves parecen querer decirnos que todos somos, en esencia, fanáticos, y que por eso los androides lo serán también (si no le ponemos remedio, claro). Pero el planteamiento tiene poco recorrido, y con los capítulos se revela como una excusa para mantenernos ocupados, mientras esperamos las amenazas propias del género y a que llegue la segunda temporada.
 

viernes, 29 de mayo de 2020

Cifra léxica

     


Transcribo aquí unos párrafos del libro de Américo Castro La realidad histórica de España (1965), tomados del capítulo "Al-Andalus como una circunstancia de la vida española", por su apreciación elocuente de aquella realidad conflictiva a través de las incorporaciones de términos del árabe al léxico castellano:

      Numerosos vocablos árabes se encuentran en el español y el portugués (en menor cantidad en catalán) como reflejo de ineludibles necesidades, lo mismo que el latín tuvo que aceptar también millares de palabras griegas. Muchos arabismos perduran en la lengua literaria y dialectal. La estructura gramatical no fue afectada por el árabe, aunque a veces aparezcan giros sintácticos en obras literarias traducidas de aquella lengua. Pero por fuerte que fuese aquella presión lingüística, la estructura de las lenguas peninsulares de origen latino continuó siendo románica. Si toda la Península hubiese sido anegada por la dominación musulamana, como lo fue Inglaterra por los normandos, entonces la estructura de la lengua se hubiese alterado profundamente; pero los cristianos adoptaron las palabras árabes porque convivían con los musulmanes y los judíos, y no por la presión de ningún dominador. (...). Las adopciones de léxico se refieren a muy varias zonas de la vida: agricultura, construcción de edificios, artes y oficios, comercio, administración pública, ciencias, guerra. Hay, además, que tener muy presente que los vocablos árabes podían ser debidos tanto a la actividad de los mozárabes y musulmanes como a la de los judíos, cuya lengua de civilización en la Península fue el árabe, por lo menos hasta el siglo XIII. El romance hablado por los judíos estaba lleno de voces árabes.
      Ya es significativo que tarea, tarefa (en portugués) sean árabes. Los alarifes planeaban las casas y los albañiles las construían; son arabismos: adobe, alcázar, alcoba, zaquizamí, alhacena, azulejo, azotea, baldosa, zaguán, aldaba, alféizar, etc., etc.; la gran técnica en el manejo del agua aparece en acequia, aljibe (que adoptó el francés con la forma ogive), alberca, y en multitud de otras palabras. Porque los sastres eran muy a menudo judíos, se llamaron aquéllos alfayates. Los barberos se llamaban alfajemes; las mercancías eran transportadas por arrieros y recueros; se vendían en los zocos y azoguejos, en almacenes, alhóndigas y almonedas; pagaban derechos en la aduana, se pesaban y medían por arrobas, arreldes, quintales, adarmes, fanegas, almudes, celemines, cahices, azumbres, que inspeccionaba el zabazoque y el almotacén; el almojarife percibía los impuestos, que se pagaban en maravadíes, o en meticales. Ciudades y castillos estaban regidos por alcaldes, alcaides, zalmedinas y alguaciles. Se hacían las cuentas con cifras y guarismos, o con álgebra; los alquimistas destilaban el alcohol en sus alambiques y alquitaras, o preparaban álcalis, elixires y jarabes, que ponían en redomas. Las ciudades constaban de barrios y arrabales, y la gente comía azúcar, arroz, naranjas, limones, berenjenas, zanahorias, albaricoques, sandías, altramuces, toronjas, alcachofas, alcauciles, albérchigos, alfóncigos, albóndigas, escabeche, alfajores y muchas otras cosas con nombres árabes. Las plantas mencionadas antes se cultivan en tierras de regadío, y como en España llueve poco (excepto en la región del Norte), el riego necesita mucho trabajo, y arte para canalizar y distribuir el agua, en lo cual sobresalieron los moros, pues necesitaban el agua para lavarse el cuerpo y para fertilizar la tierra, y por eso perduran los nombres árabes y no los de la tradición romana. He citado antes alberca, aljibe, acequia, pero el vocabulario relativo al riego del campo es muy amplio: noria, arcaduz, azuda, almatriche, atareja, atanor, alcorque, etc.
      Los nombres de prendas de vestir llenarían bastante espacio: Albanega, ‘cofia para recoger el pelo’; alcandora, ‘especie de camisa’; almaizar, ‘toca de gasa’; almalafa, ‘manto largo’; alfareme, ‘toca para cubrir la cabeza’; marlota, ‘saya’; albornoz, almejía, ‘manto corto’; jubón, alpargata (derivado del árabe, aunque la palabra árabe proceda de otra prelatina), zaragüelles, etc. (...).
     Nótese que no he mencionado el vocabulario militar (adalid, algarada, rebato, etc.) ni el relativo a la industria y manufactura de objetos (almazara, aceña, alfiler, argolla, ajorca, tabaque, adarga, azagaya, azafate, etc.). De lo que sabemos resulta que no basta con decir que los cristianos adoptaron nombres de cosas, o sufrieron "influencias", porque lo que esas palabras descubren es el espacio que en la vida cristiana ocupaba la civilización islámica. Se trata de la proyección de cierto tipo de vida para el cual eran importantes el cultivo y el culto de la tierra madre, la apetencia de placeres físicos y estéticos, y el ejercicio de la guerra.